He
terminado en los caniculares días de agosto la lectura de este libro
publicado en 1974 tras la muerte de su autor durante la época más convulsa de
la historia de Chile como nación independiente. Se evidencia en cada una de sus
páginas que estamos ante un grande de la literatura tanto española como
universal. He leído un par de comentarios, en uno de ellos se afirma que sobrepasa el género memorialista “para constituir un gran fresco de la época
contemporánea” (http://www.biografiasyvidas.com/monografia/neruda/confieso.htm).
Para
evitar posibles contaminaciones voy a dejar a un lado lo que opinen los otros y
teniendo aún frescas sus palabras intentaré expresar lo que pienso y
siento sobre esta singular obra. Un soplo de aire fresco me ha refrescado la
cara al imaginar la agreste y primigenia Araucaria en la que Neruda vivió y que
tan magistralmente nos describe. Ciudadano del mundo con los pies bien
asentados en su tierra chilena anduvo por oriente y occidente, por el
territorio austral o por el septentrión como si de su propia casa se tratase.
Al
hablar de tantos hombres y mujeres insignes parecería como si nosotros
estuviéramos allí contemplándolos y disfrutando de su compañía. Me han
conmovido los retratos y comentarios sobre Gabriela Mistral, Miguel Ángel
Asturias, Gabriel García Márquez, y, especialmente Federico García Lorca
–curiosísimo el discurso a dúo que entre ambos disertaron en Argentina- y
Miguel Hernández del que decía que “era
ese escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad
selvática y arrolladora fuerza vital.” Poetas, escritores, pintores,
artistas, políticos y otros personajes destacados de la época que le tocó vivir
dejan su huella impresa en la telaraña
tejida por sus palabras.
Poeta
terrenal incardinado y comprometido con su tiempo aunque busque la
trascendencia. Cuando nos habla del norte chileno, del desierto, del salitre,
de sus paisajes y sus gentes prácticamente he sentido lo mismo que cuando escucho
“La Cantata de Sª Mª de Iquique” del grupo Quilapayún: escalofrío, estupor y
rabia ante la barbarie humana, repetida hasta la saciedad tantas veces después:
Guerra Civil Española, II Guerra Mundial, asalto al Palacio de La Moneda –golpe
de Pinochet- en el que murió su querido amigo Salvador Allende y con él la
esperanza del nuevo alumbramiento en libertad de Chile, que habría de aguardar
hasta hace bien poco para volver a una cierta normalidad.
Hizo
pedagogía en francés y dominaba el inglés. Al hablar de España, que llevaba en
el corazón, y particularmente de los poetas con los que más trato tuvo en
Madrid, los adjetivó de francos, solidarios y alegres aunque menos interesados
por otras culturas y el dominio de otros idiomas –aspecto este que todavía
padecemos aunque progresivamente mejorando con las nuevas generaciones-.
Desde
luego, quien busque en estas páginas un relato más o menos hilvanado y
cronológicamente sistemático quedará francamente desilusionado, eso hay que
buscarlo en las biografías que se han escrito sobre Neftalí Ricardo Reyes
Basoalto (Pablo Neruda). Se trata más bien de apuntes, bocetos o pinceladas que
con genial maestría nos acercan a lo que fue su vida. El mismo autor lo expresa
con estas palabras:
“Estas memorias o recuerdos son intermitentes
y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida. (…) Muchos de mis
recuerdos se han desdibujado al evocarlos, han devenido en polvo como un
cristal irremediablemente herido.”
(…)
En
”las memorias del poeta” (…) “Este
nos entrega una galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de su
época.”
(…)
“De cuanto he dejado escrito en estas páginas
se desprenderán siempre —como en las arboledas de otoño y como en el tiempo de
las viñas—las hojas amarillas que van a morir y las uvas que revivirán en el
vino sagrado.
Mi
vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta.”
(Pablo
Neruda. “Confieso que he vivido. Memorias”, pg. 3)
Se
trata de un anecdotario, que nos da una idea de lo vivido por el autor. Es
además diacrónico, no estático, a
interpretar en el contexto de la época y teniendo en cuenta también que la
memoria es reconstructiva, como muy bien señala el psiquiatra español afincado
en Nueva York, Luis Rojas Marcos, en su libro “Eres tu memoria”:
“En realidad la memoria es creativa y
tiene el poder de renovar las cosas que guarda para adaptarlas o hacerlas
coherentes con los cambios que experimentamos a lo largo de la vida.
Así,
con el tiempo añadimos y sustraemos detalles de las experiencias pasadas que
conservamos en la memoria, y cuanto más tiempo transcurre, más la
transformamos.
La
memoria, pues reconstruye nuestra historia con los recuerdos del ayer, pero
antes los modela y los enmarca en el contexto de nuestras creencias y puntos de
vista de hoy.”
Igual alguien se pregunta el instante
y por qué de esta lectura. La cuestión no es baladí y la respuesta es
relativamente sencilla: hace poco se terminó mi vida laboral, coincidiendo
además en esa situación, con mayor o menor aproximación cronológica, varios amigos y compañeros de toda la vida. En
el campo docente se están abriendo paso las memorias de autor en las que se
exponen reflexiones y experiencias profesionales. Así que algunos de ellos me sugirieron
que hiciera otro tanto. Pensando en ello y trasteando por el mundo del libro
electrónico di con esta obra, decidí echarle una ojeada y me encontré con la
grata sorpresa de que coinciden bastante los planteamientos del autor con lo
que yo estaba rumiando. Entrar en más
detalles es harina de otro costal sobre los que volveré en otro momento y
lugar.
Para no extenderme más sólo me resta
añadir que ha sido una lectura muy reconfortante y amena que recomiendo a
todos, especialmente a los que quieran conocerlo un poco mejor y su época, los
dos primeros y convulsos tercios del siglo XX. –el contacto directo con la obra
es el modo más eficaz aunque lo complementes con la de los críticos-.

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