jueves, 3 de septiembre de 2015

He terminado en los caniculares días de agosto la lectura de este libro publicado en 1974 tras la muerte de su autor durante la época más convulsa de la historia de Chile como nación independiente. Se evidencia en cada una de sus páginas que estamos ante un grande de la literatura tanto española como universal. He leído un par de comentarios, en uno de ellos se afirma  que sobrepasa el género memorialista “para constituir un gran fresco de la época contemporánea”  (http://www.biografiasyvidas.com/monografia/neruda/confieso.htm).

Para evitar posibles contaminaciones voy a dejar a un lado lo que opinen los otros y teniendo aún frescas sus palabras intentaré expresar lo que pienso y siento sobre esta singular obra. Un soplo de aire fresco me ha refrescado la cara al imaginar la agreste y primigenia Araucaria en la que Neruda vivió y que tan magistralmente nos describe. Ciudadano del mundo con los pies bien asentados en su tierra chilena anduvo por oriente y occidente, por el territorio austral o por el septentrión como si de su propia casa se tratase.

Al hablar de tantos hombres y mujeres insignes parecería como si nosotros estuviéramos allí contemplándolos y disfrutando de su compañía. Me han conmovido los retratos y comentarios sobre Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Gabriel García Márquez, y, especialmente Federico García Lorca –curiosísimo el discurso a dúo que entre ambos disertaron en Argentina- y Miguel Hernández del que decía que “era ese escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad selvática y arrolladora fuerza vital.” Poetas, escritores, pintores, artistas, políticos y otros personajes destacados de la época que le tocó vivir dejan su huella  impresa en la telaraña tejida por sus palabras.

Poeta terrenal incardinado y comprometido con su tiempo aunque busque la trascendencia. Cuando nos habla del norte chileno, del desierto, del salitre, de sus paisajes y sus gentes prácticamente he sentido lo mismo que cuando escucho “La Cantata de Sª Mª de Iquique” del grupo Quilapayún: escalofrío, estupor y rabia ante la barbarie humana, repetida hasta la saciedad tantas veces después: Guerra Civil Española, II Guerra Mundial, asalto al Palacio de La Moneda –golpe de Pinochet- en el que murió su querido amigo Salvador Allende y con él la esperanza del nuevo alumbramiento en libertad de Chile, que habría de aguardar hasta hace bien poco para volver a una cierta normalidad. 

Hizo pedagogía en francés y dominaba el inglés. Al hablar de España, que llevaba en el corazón, y particularmente de los poetas con los que más trato tuvo en Madrid, los adjetivó de francos, solidarios y alegres aunque menos interesados por otras culturas y el dominio de otros idiomas –aspecto este que todavía padecemos aunque progresivamente mejorando con las nuevas generaciones-.
Desde luego, quien busque en estas páginas un relato más o menos hilvanado y cronológicamente sistemático quedará francamente desilusionado, eso hay que buscarlo en las biografías que se han escrito sobre Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (Pablo Neruda). Se trata más bien de apuntes, bocetos o pinceladas que con genial maestría nos acercan a lo que fue su vida. El mismo autor lo expresa con estas palabras:

 “Estas memorias o recuerdos son intermitentes y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida. (…) Muchos de mis recuerdos se han desdibujado al evocarlos, han devenido en polvo como un cristal irremediablemente herido.”

(…) En ”las memorias del poeta” (…)  Este nos entrega una galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de su época.”

(…) De cuanto he dejado escrito en estas páginas se desprenderán siempre —como en las arboledas de otoño y como en el tiempo de las viñas—las hojas amarillas que van a morir y las uvas que revivirán en el vino sagrado.

Mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta.”
(Pablo Neruda. “Confieso que he vivido. Memorias”, pg. 3)
Se trata de un anecdotario, que nos da una idea de lo vivido por el autor. Es además diacrónico, no estático,  a interpretar en el contexto de la época y teniendo en cuenta también que la memoria es reconstructiva, como muy bien señala el psiquiatra español afincado en Nueva York, Luis Rojas Marcos, en su libro “Eres tu memoria”:

  “En realidad la memoria es creativa y tiene el poder de renovar las cosas que guarda para adaptarlas o hacerlas coherentes con los cambios que experimentamos a lo largo de la vida.

Así, con el tiempo añadimos y sustraemos detalles de las experiencias pasadas que conservamos en la memoria, y cuanto más tiempo transcurre, más la transformamos.

La memoria, pues reconstruye nuestra historia con los recuerdos del ayer, pero antes los modela y los enmarca en el contexto de nuestras creencias y puntos de vista de hoy.”
Igual alguien se pregunta el instante y por qué de esta lectura. La cuestión no es baladí y la respuesta es relativamente sencilla: hace poco se terminó mi vida laboral, coincidiendo además en esa situación, con mayor o menor aproximación cronológica,  varios amigos y compañeros de toda la vida. En el campo docente se están abriendo paso las memorias de autor en las que se exponen reflexiones y experiencias profesionales. Así que algunos de ellos me sugirieron que hiciera otro tanto. Pensando en ello y trasteando por el mundo del libro electrónico di con esta obra, decidí echarle una ojeada y me encontré con la grata sorpresa de que coinciden bastante los planteamientos del autor con lo que yo estaba  rumiando. Entrar en más detalles es harina de otro costal sobre los que volveré en otro momento y lugar.
Para no extenderme más sólo me resta añadir que ha sido una lectura muy reconfortante y amena que recomiendo a todos, especialmente a los que quieran conocerlo un poco mejor y su época, los dos primeros y convulsos tercios del siglo XX. –el contacto directo con la obra es el modo más eficaz aunque lo complementes con la de los críticos-.
 

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